Nota aclaratoria: Este blog y la distri terminaron hace años por pertenecer exclusivamente a Jaime Sanchez Martínez, perpetrador y perpetuador de varias agresiones machistas a diferentes personas en el Estado Español, por eso desde aquí se insta a la retirada de cualquier material editado y/o escrito por la misma.

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lunes, 30 de abril de 2012

EL EGO ES UN MECANISMO DE SUPERVIVENCIA

Este texto se ha extraído del Nº1 del fanzine "Equilibrio"

Un hombre sólo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada, no son nada.

J.A. Goytisolo


Dice Ronald Laing que la verdadera salud mental implica, de un modo u otro, la disolución del ego normal. Hasta ese punto el ego es una perversa impostura.

En realidad, como dice la Polla Records, no somos nada.

Hasta aquí hemos hecho un pequeño y superficial recorrido por el proceso de formación del “ego”. El ego es un dispositivo que fabricamos para adaptarnos a este mundo; porque, de otro modo, psiquicamente no podríamos soportar ni aguantar el vivir en él. La manipulación sistemática de las reacciones de supervivencia, junto con las imágenes, los conceptos y otras formas de representación, conforman, en una parte de nuestra psique , el ego.

El ego es una imagen trucada de nuestras emociones; una determinada percepción de unx mismx y de cómo deben ser nuestras relaciones con lxs demás. Una introyección de la sociedad en nuestro cuerpo que nos convierte en agentes de la realización del Poder, por activo y por pasivo.

Se origina como mecanismo de supervivencia para “vivir” con los deseos anulados, y en un entorno devastado en el que han levantado un mundo que funciona al revés que la vida, con lucha fraticida, competencia, acaparación. El ego es tan patológico para la criatura humana como lo es el fraticidio para la fraternidad.

A lo largo de nuestras vidas experimentamos situaciones conflictivas, de emociones contradictorias, sorprendentes, desestabilizadoras y desestructuradoras. A veces no podemos entender lo que nos pasa, porque no sabemos lo que somos; no sabemos que la persona que hemos llegado a ser es una anomalía psicosomática. No sabemos que somos criaturas deseantes. No sabemos de la herida y de la Falta Básica. Nos creemos que somos una persona con una personalidad, con un “ego” así o asao. Más o menos importantes, triunfadorxs o perdedorxs, masculinos o femeninas. Pero no sabemos que seguimos siendo a pesar de todo una criatura deseante, que sigue alentando por debajo del ego y del blindaje, y que el mundo fraticida en el que sobrevivimos es un entorno venenoso para esa criatura.

A esa criatura no le gusta obedecer ni mandar, ni triunfar ni perder, sino vivir abandonada, produciendo más de sí misma, y sintiendo el bienestar de la autorregulación y de la armonía; no le gusta poseer sino derramarse, no le gusta hacerse importante, sino deshacerse entre lxs demás; sabe que es delicioso poder confiar incondicionalmente y dejarse llevar. Que el vivir pudiera ser ese dejarse flotar y amar. Es la criatura que recuerda la dulzura de la “interpenetración armoniosa” del paraíso perdido y su anhelo más verdadero y hondo es poder recuperar ese estado.

Cuando sabemos esto, las cosas que nos pasan y nuestras reacciones son más fáciles de entender.

Debemos saber, en primer lugar, que el ego no es innato, ni es un desarrollo “natural” de nuestra psique, sino un contraefecto de la represión, para poder vivir, huérfanxs y sin hermanxs, en un mundo fraticida; para ser una caricatura aberrante de la mujer que somos; para aguantar la lucha individual por la supervivencia en la jungla de la competencia. Por eso lxs psicólogxs trabajan para que sus clientxs consigan una suficiente “autoafirmación” y “autoestima” para sus egos; y las clínicas de cirugía estética para adaptar nuestra fisonomía a la caricatura. Hay que apuntalar los “egos” para aguantar la soledad, para sobrevivir en el desierto afectivo, en un mundo donde la existencia de las mujeres está prohibida.

En segundo lugar, para no perder el sentido común, hay que preservar el sentido de la realidad patriarcal; el ego es una impostura, pero es real; tan real como el mundo. Esa es la paradoja y la situación. Hay un “real-imposible” que decía Freud y Lacan: nuestros deseos primarios que son reales pero son imposibles porque los prohibe la ley. Y en cambio hay una impostura que es posible porque lo manda la ley. La situación paradójica es que siendo la vida lo que es, vivamos en este mundo.

Al ego lo han calificado de “edípico”. Porque Edipo fue una criatura de la transición entre el mundo gaiático que funcionaba como la vida, y éste nuestro mundo actual. Edipo, al final, se reconoce del mundo patriarcal; al igual que el “ego”, que acaba venciendo a la criatura deseante.

Dicho esto parece entonces que estamos abocadxs indefectiblemente a la reproducción del Poder. Pero obviamente, mientras haya vida hay posibilidad de regeneración, de recuperación, de ir abriendo fisuras y grietas y espacio para el desarrollo de esa parte de nuestra psique de donde brota el impulso de la vida; y eso lo sabe el Poder. Si no fuera así no nos seguirían censando, vigilando, censurando, prohibiendo, castigando, y eliminando selectivamente según el grado de incorrección política y de rebeldía.

A ello irá dedicada la 2ª parte de La Rebelión de Edipo. No para dar fórmulas que no podrá haberlas nunca, pero sí reconocimiento y diferenciación de lo que pertenece a la vida y lo que pertenece al Poder; de lo que brota de la criatura humana que somos y de lo que brota del “ego”, de la personalidad masculina y femenina en la que nos hemos convertido y en la que hay que dejar de creer.

La empresa no puede hacerse en solitario; una determinada disolución del ego sólo se podría producir junto a una determinada disolución de las relaciones de Poder; de la familia patriarcal. Nuestro sistema de identidad es individual, pero la percepción que cada cual tiene de sí mismx es la percepción que lxs demás tienen de tí. Para dejar de creer en mi “ego” y para empezar a creer que soy otrx, es preciso que alguien empiece a verme, a percibirme, a creerme y a tratarme como a otrx. Una mujer sola, u hombre solo, son como polvo, no son nada.

El interés que tiene analizar la psique humana y descubrir como anida en ella el Poder es el ver cómo podemos deshacernos de ese destino; porque no sirve de nada luchar contra el Estado y la Familia, si no somos conscientes de que nosotrxs mismxs lo reproducimos. Muchos intentos de comunas y colectividades han fracasado a pesar de existir una firme voluntad de ayudarse mutuamente y de compartir las cosas, porque los egos edípicos no estaban a la altura de las circuntancias.

Hay que abrir fisuras en los egos, cometer locuras con sentido común y con sentido de la vida; adoptar posiciones de deseo y, desde esas posiciones, empezar a hacer pactos puntuales de reciprocidad y ayuda mutua.

La lucha contra las instituciones sociales requiere una adaptación de las personas, una recuperación de la mujer y de la madre, una remodelación que vaya haciendo retroceder al ego edípico -con su sexualidad adulta falocéntrica- a favor de la criatura deseante y derrochadora de vida.


Casilda Rodrigáñez